¿Por qué abandonan su tierra?

Le he pedido a Yeshi, fundador de Tibet World, que me cuente su historia como refugiado Tibetano. Hoy por fin me ha invitado a su despacho y me ha contado todo con pelos y señales. Cuando he querido darme cuenta habían pasado dos horas y se me habían pasado volando. Es como si hubiera vivido en primera persona la travesía de frío y desesperación a traves del Himalaya.

Pero antes de contaros esa historia que os dejará de piedra como a mi, quiero poneros en situación y contaros qué está pasando en Tíbet y por qué la mejor opción es emigrar.

Intentaré hacerlo lo más conciso posible para no aburrir lo prometo 🙂 Pero creo que es importante saber, para entender.

Para ello os voy a hablar de Palden Gyatso, un monje que estuvo en la cárcel en manos chinas la friolera de 33 años, siendo torturado y vejado de las formas más tiranas que os podáis imaginar. ¿Su delito?  Le acusaron de participar en el levantamiento de Lhasa la capital de Tíbet el año que el Dalai Lama abandonó el país ante la invasión china, muchos de los apresados ese día fueron condenados a muerte.i

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En 1950 China invadió Tíbet bajo el gobierno de Mao. Nunca estalló una guerra como tal porque las pocas defensas que tenía Tíbet eran las de los khampas, los únicos guerreros que quedaban en el país y que fueron fácilmente aniquilados por el ejército chino.

Los tibetanos originariamente practicaban la religión bön, eran un pueblo violento y guerrero, tras la llegada del budismo sufrió una transformación drástica hasta convertirse en el pueblo pacífico y abanderado de la compasión que es hoy.

Los chinos empezaron a entrar en Tíbet construyendo carreteras y edificios que se convertirían en sus sedes oficiales bajo la vista impotente de su población. En 1955 formaron el Consejo Preparatorio para el Establecimiento de la Región Autónoma del Tíbet, visitaban pueblos y monasterios regalando tazas, pines y demás merchandising para dar a los Tibetanos sensación de entrada pacífica.

Pero pronto empezaron a mostrar la verdadera cara de la invasión. Organizaban jornadas de adoctrinamiento donde intentaban convencer al pueblo que estaban oprimidos por “las tres montañas”, la aristocracia, los monasterios y el gobierno feudal.

Confiscaron todas las tierras para luego repartirlas entre la clase trabajadora. Entraban en los monasterios apaleando a los monjes y atándolos con cuerdas como animales.

Todos los que pertenecían a las clases altas, monjes y laicos eran marcados como “sucios”, relegados de la sociedad, pasando penurias y recibiendo palizas.

En la cárcel, Palden y el resto de prisioneros, recibían sesiones de adoctrinamiento comunista, tenían que realizar asambleas en las que les obligaban a denunciarse unos a otros bajo amenaza de palizas. Cualquier comentario era tomado como un ataque al régimen, no podían ni mencionar que había presos que morían de hambre porque eso no era posible que ocurriera en un régimen socialista.

Se practicaban habitualmente los thamzing, linchamientos y humillaciones públicas por las razones más absurdas. Después de años de palizas, privación del sueño y de hambre los presos se denunciaban unos a otros de invenciones con tal de no ser objeto de la ira de los funcionarios chinos. Palden describe uno de los thamzing que sufrió:

“(…) Mis compañeros se acercaron y empezaron a asestarme golpes en la espalda y los costados, algunos también me dieron patadas. El jefe de celda me enrolló una cuerda vieja y gruesa alrededor del cuerpo de manera que mis brazos quedaron pegados al torso. Estaba inmovilizado. Los golpes me llovían en el pecho, los brazos, los hombros y las costillas. Los prisioneros sabían que si no me golpeaban con fuerza los culparían de vacilar en apoyar el socialismo. Ni siquiera podía levantar los brazos para cogerme la cabeza.

Había visto morir a varios prisioneros durante una thamzing(…)”

Todo porque supuestamene había llevado a cabo el “rito de la ofrenda de agua”. Todo lo relacionado con el budismo se consideraba un ataque al régimen, incluso sentarse con las piernas cruzadas como Buda.

Sus padres no llegaron a ir a la cárcel pero aun así su padre murió en una thamzing y su madrastra quedó paralítica de otra.

En 1959 el Dalai Lama huyó a la India.

En 1966 empezó la Revolución Cultural que supuso el exterminio definitivo de la tradición tibetana, los monasterios fueron destruidos, los libros quemados y la gente condenada.

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Se producían ejecuciones de presos cuyos cuerpos caían y eran enterrados en agujeros cavados por ellos mismos.

“Se informaría a sus familiares de la ejecución mediante una factura en la cual se detallaban los gastos del número de balas utilizadas y la longitud de cuerda de yute empleada para amordazar al prisionero”

“Hacia 1970, casi todas las riñas entre facciones habían terminado, y el Ejercito tenía todo bajo su control. Todos los monasterios y templos habían sido clausurados o destruidos, y el pueblo de Tíbet vivía en comunas descritas como ‘la máxima expresión del desarrollo social'”

Pero la realidad es que una gran parte de a población pasaba hambre. Debían entregar casi todo lo que ganaban en forma de contribuciones “voluntarias” al Gobierno.

En 1976 Mao muere y se produce un cambio en la política china que se tradujo en una flexibilización del régimen.

Muchos tibetanos se conformaban con eso, solo querían olvidar, seguían privados de su libertad, pero era tanto el sufrimiento que habían pasado que esas migajas les valían.

Pero a Palden no le valían. Quería que el pueblo despertara de su letargo y reclamara un trato humano de verdad. Así que aprovechaba las nuevas libertades que tenía como resultado la flexibilización para pegar carteles en sitios estratégicos de Lhasa arengando al pueblo tibetano a reclamar sus derechos.

Los chinos liberaron a Palden después de haber alargado su condena sin mayor explicación. Pero su libertad duró tres meses, volvió a ser condenado 8 años por pegar carteles en Lhasa.

Aquí empezó una nueva etapa. Por un lado los presos políticos tibetanos ya no eran los asustadizos que se denunciaban unos a otros de antes. Ahora eran jóvenes nacidos en los años de comunismo y que reclamaban con más fuerza la libertad de Tíbet organizando manifestaciones hasta dentro de las mismas cárceles.

Pero por otro lado los chinos se habían vuelto más sanguinarios que antes. Ahora les torturaban en los interrogatorios con nuevas armas.

“(…) extrajo la aguijada eléctrica del enchufe y empezó a pincharme con su nuevo juguete. Me estremecí con cada descarga y entonces, mientras me gritaba obscenidades, me introdujo el palo en la boca, lo sacó y arremetió de nuevo (…) Me acuerdo como si fuera ayer de cómo las descargas hacían vibrar mi cuerpo. Cada descarga me dejaba paralizado con un furioso escalofrío. Me desmayé y cuando volví en mi, me encontraba rodeado de un charco de vómitos y orina. (…)”

En 1986 hubo grandes manifestaciones en Lhasa pero nada hacía cambiar la política de los chinos.

En 1992 Palden terminó su condena y fue liberado. Huyó a la India y hoy vive aquí donde estoy yo, en McLeod Ganj. Dedica su vida a denunciar por el mundo las aberraciones del gobierno chino para con el pueblo tibetano.

Hoy en día en el Tíbet no está permitido mencionar el nombre del Dalai Lama, ni poseer fotos suyas bajo amenaza de cárcel. Mis compañeros tibetanos me cuentan que varios de los músicos que escuchan la gente joven en Tíbet están entre rejas por el contenido de sus letras.

Está prohibido estudiar la lengua tibetana y por supuesto la historia.

La educación que se ofrece a los niños es muy cara, y a la que tienen acceso todos es muy deficiente y por supuesto todo en chino y sesgada. Si los niños van a esos colegios pierden sus orígenes, y la formación que reciben es tan baja que no les permite labrarse un futuro.

El Dalai Lama ya no pide la libertad de Tíbet, ahora a través de lo que llaman “El camino del medio” (Middle way) solo reclaman la autonomía. Pero el gobierno chino sigue sin concederlo, reprimiendo y exterminando.

Por eso, las madres y padres tibetanos, se separan de sus hijos pequeños en un viaje en el que pueden morir congelados, de hambre, atacados por lobos o tiroteados a sangre fría por los guardias chinos que vigilan las montañas.

Porque quieren que sus hijos vivan en libertad.

 

 

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3 respuestas a ¿Por qué abandonan su tierra?

  1. Pepe Cobo dijo:

    Hola Patricia, muchas gracias por las crónicas que vas colocando en el blog.
    Realmente lo cuentas con una espontaneidad que nos hace vivirlo con gran intenisdad y realismo.
    Además este testimonio de lo que allí sucede nos vale como denuncia de una realidad que esta demasiado oculta.
    Gracias de nuevo.

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    • patrifm dijo:

      Gracias a vosotros por dedicar tiempo para leerlo y por vuestras palabras. Me alegra muchisimo que os lleguene mensaje y que os toque al corazón como lo ha hecho a mi. La iracionalidad de lo que esta pasando en el Tíbet es directamente proporcional a la poca publicidad que se le da.

      Me gusta

  2. Pingback: La Audiencia Nacional imputa a China y después se echa para atrás | Hippiepija

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